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Tengo que parar… periostitis tibial

Si eres aficionado a correr seguramente has escuchado hablar de la periostitis tibial, o incluso has llegado a padecerla tú mismo.

Consiste en la inflamación de la vaina de tejido conectivo que rodea el hueso. Esta vaina posee dos capas: una externa muy vascularizada e inervada que se encarga de la nutrición del hueso y otra interna cuya función es el recambio y mantenimiento óseo. Sobre ésta delgada membrana se insertan los músculos, es decir, actúa de punto de unión entre el hueso y el músculo.

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Aunque cualquier periostio puede inflamarse como consecuencia de un traumatismo, la más conocida es la periostitis tibial.

Genera dolor y sensación de quemazón en la cara antero-interna de la tibia, la zona se encuentra caliente y en ocasiones podemos encontrar unos pequeños bultos en el periostio, a lo que llamamos rosario tibial. El dolor aumenta con el movimiento hasta hacerse insoportable, por lo que hay que abandonar el entrenamiento y en casos excepcionales hasta las actividades diarias.

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En la periostitis tibial suelen afectarse además de tibial anterior y posterior, los gemelos, sóleo, y peroneo lateral.

Es bastante habitual su aparición en la vuelta a los entrenamientos, al aumentar el ritmo de entrenes o al incrementar la velocidad de la carrera.

A continuación mostramos una lista de otras posibles causas:

  • Correr por superficies excesivamente duras o irregulares
  • Defectos biomecánicos del pie, como pie pronador o cavo.
  • Calzado inapropiado, excesivamente duro o blando; lo ideal sería unas zapatillas de tacto medio-blando.
  • Desequilibrio muscular entre el tibial anterior y posterior, y sus antagonistas.
  • Carreras con pendiente hacia abajo
  • Otras alteraciones corporales como tener la cadera en rotación externa, secuelas por esguince de tobillo, rodillas en valgo…
  • Pasar muchas horas de pie
  • Estrés
  • Mala alimentación…

En el momento que comenzamos a notar cualquier indicio de periostitis, lo más aconsejable es parar, para evitar que el dolor y la lesión aumenten.  En ocasiones será necesario descansar desde 2 semanas hasta incluso en los peores casos 3 meses; además se podría complicar formando fisuras o incluso fracturas por estrés.

Durante este periodo debemos aplicarnos hielo a diario, no sólo en la zona dolorida sino también en los músculos afectados; la crioterapia y el descanso serán fundamentales para la recuperación.

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Por supuesto, es más que recomendable recibir masajes en los músculos afectados, descargándolos, eliminado las zonas de tensión y restableciendo el flujo sanguíneo adecuado.
La reflexología podal, podrá ayudarnos a mejorar cuando la zona esté muy dolorida y no podamos trabajar directamente sobre ella. También el drenaje linfático manual y la colocación de un vendaje neuromuscular, pueden ayudarnos en esta tarea. Además podemos aplicar sobre la zona alguna cataplasma o compresa de alguna sustancia natural como el harpagofito, que posee efectos analgésicos y antiinflamatorios.

También deberíamos revisar nuestra técnica en la carrera y realizarnos un estudio profesional de la pisada, antes de volver a la marcha habitual. Otras ayudas que podemos utilizar son las medias de compresión, así evitaremos las vibraciones al correr que además de ser dolorosas son muy perjudiciales.

No podíamos finalizar, sin hablar de los estiramientos. Ya sabes que son necesarios tanto antes como después del ejercicio físico, pero sobretodo después, porque nos ayudan a elastificar los músculos cargados y mejorar su circulación, eliminando las toxinas que podrían lesionarlo. Aquí tienes unos estiramientos que te ayudaran a evitar la aparición de la molesta periostitis tibial.

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Artículo escrito por Dña. Alicia Cano Marín (bióloga, quiromasajista y docente en Escuela Quirosoma)

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