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“Nada beneficiará la salud humana e incrementará las oportunidades para la supervivencia de la vida en la tierra, más que la evolución a una dieta vegetariana”

Dr. Satyanarayana Dasa

Director del Jiva Institute of Vsaishnava Studies

(Extracto de su libro en inglés “The Yoga of Eating”)

 

“Nada beneficiará la salud humana e incrementará las oportunidades para la supervivencia de la vida en la tierra, más que la evolución a una dieta vegetariana”

La salud es uno de los factores más importantes que incitan a las personas a optar por un estilo de vida vegetariano. Los seres humanos son capaces de consumir tanto las proteínas animales como las vegetales. Aún así, una significante cantidad de evidencias científicas sugieren que comer carne, en realidad perjudica la salud; y que en cambio, una dieta vegetariana equilibrada es beneficiosa. Así que, tenemos una elección que hacer.

Las dietas vegetarianas, apropiadamente planeadas, están reconocidas por la Asociación Internacional de dietas alimentarias (International Dietary Associations) para cubrir todos los requerimientos nutricionales y, al mismo tiempo, contribuir significativamente hacia la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas.

La prevención de la enfermedad, la regulación del peso corporal y el sentido de bienestar que se obtiene al consumir comidas vegetarianas, son algunas de las razones facilitadas por aquellos que han adoptado una dieta vegetariana. Una encuesta a lectores realizada en el año 2005, por el Grupo de Recursos Vegetarianos (Vegetarian Resource Group), indicó que el 82% de ellos estaban interesados en una dieta vegetariana por sus  beneficios en la salud, mientras que solo el 18% tomaba este tipo de dieta por inquietudes medioambientales, por una conciencia de los derechos de los animales o por ética.

Algunas personas se cuestionan si el cuerpo humano está mejor adaptado para una dieta vegetariana, o por una no vegetariana. Para responder a esta cuestión se tienen que tener en consideración dos áreas: una es la estructura anatómica del cuerpo humano, y la otra son los efectos físicos del consumo de la carne.

La estructura anatómica nos indica que, los dientes humanos -como los de los herbívoros- están diseñados para masticar y moler alimentos vegetales. Los seres humanos, a diferencia de los carnívoros, no tienen dientes frontales largos y afilados para desgarrar la carne. La mayoría de los animales carnívoros tragan su comida sin ni tan siquiera masticarla, y por ello, no necesitan molares o mandíbulas capaces de moverse lateralmente para moler los alimentos. Al mismo tiempo, la mano humana no tiene garras afiladas; y en lo que se refiere a su opuesto pulgar, tenemos una mejor posición  de él para para cosechar vegetales y frutas, que para asesinar presas.

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El sistema digestivo de los carnívoros, omnívoros y herbívoros se diferencian de acuerdo con la dieta para la que estaban diseñados. Por ejemplo la saliva de los carnívoros es ácida -lo que es necesario para digerir la carne- mientras que la de los herbívoros y humanos es alcalina y contiene tialina-amilasa que ayudan en la digestión de los carbohidratos. La digestión de la carne requiere de una alta concentración de ácido hidroclorhídrico en el estómago, así como de un relativamente corto canal alimentario (intestino) para eliminar rápidamente la materia de desperdicio. La longitud del canal alimentario, de un carnívoro, es de tres veces la longitud de su cuerpo, y este produce el suficiente ácido clorhídrico para digerir plenamente la carne. El estómago humano produce una décima parte del ácido clorhídico que produce el de un carnívoro; y la longitud del canal alimentario humano, es de unas seis veces la longitud de su cuerpo. Cuando un ser humano come carne, esta no es digerida en el estómago, así que la carne no digerida comienza a pudrirse, y permanece en el sistema intestinal durante un prolongado período de tiempo. Esto hace que se produzcan toxinas dañinas en el cuerpo, de forma destacada en el hígado y los riñones -que son los encargados de extraer los residuos de la sangre- ya que están especialmente forzados por la sobrecarga de toxinas. El hígado y los riñones de los animales carnívoros son más grandes, en proporción con el tamaño de su cuerpo, que los de los herbívoros; así que están más apropiadamente  capacitados para eliminar los residuos producidos como resultado de una dieta de carne. Estos hechos sugieren claramente que el sistema digestivo humano está adecuadamente diseñado para una dieta vegetariana.

Investigadores médicos han establecido una relación entre comer carne y ciertas enfermedades, como el cáncer y las enfermedades del corazón. La Fundación Mundial de Investigación del Cáncer (The World Cancer Reseach Fund) clama que una dieta vegetariana equilibrada, rica en vegetales, frutas, legumbres, nueces y semillas, en realidad reduce el riesgo de padecer cáncer. La evidencia científica sugiere que el riesgo del cáncer de pecho, ovarios, colon y próstata han incrementado significativamente por el simple hecho de comer carne. Una causa importante citada para el cáncer de colon es el alto contenido en grasas y el bajo contenido en fibra, de la dieta de carne. El resultado de esto es que se produce un tránsito lento a través del colon, permitiendo que los residuos tóxicos dispongan de más tiempo para causar daños al tracto digestivo.

Comer carne, a menudo, contribuye también a la enfermedad de corazón; mientras que el  riesgo de un ataque al corazón se reduce considerablemente por consumir una dieta vegetariana. Los animales carnívoros pueden metabolizar relativamente altas cantidades de colesterol y grasas; sin embargo, el cuerpo humano no puede hacerse cargo de excesivas grasas animales. En el caso de los seres humanos, cuando los depósitos de grasa -acumulados en el interior de las paredes de las arterias- causan arteriosclerosis, entonces, se restringe el flujo de la sangre al corazón. Como resultado de ello surge el riesgo de la enfermedad de corazón, el derrame y aumentan otros tipos de enfermedades.

Las dietas no vegetarianas también están directamente asociadas con la calvicie prematura y la incontinencia, debido a la excesiva producción de testosterona. Todos estos hechos dispersan el mito de que para ser un real hombre uno debe comer carne.

Estudios médicos prueban que una dieta vegetariana equilibrada es más fácil de digerir, provee de un amplio rango de nutrientes y genera pocas cargas e impurezas en el cuerpo.

Es buen tiempo para analizar que, la decisión de liderar una vida sana a través de una dieta vegetariana está sólo en nuestras manos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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