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Fitoterapia

Comenzaremos, por dar una definición de fitoterapia. Entendemos, por fitoterapia la ciencia de curación a través de las plantas.

No están muy definidos sus orígenes. Los primeros herbolarios datan de la época de los asirios, los babilonios y los fenicios y son una recopilación de los conocimientos de aquellas épocas sobre las propiedades medicinales de las plantas. Dentro de la medicina tradicional china, las plantas ya eran una parte muy importante, o incluso Hipócrates, padre de la medicina occidental actual, ya recomendaba su estudio, dentro de la formación de los médicos griegos. Así comenzaba, esta ciencia antes del año 3.000 antes de C., y que hasta ha perdurado hasta nuestros días.

Las características que las hacen especiales, son la presencia de los principios activos. Éstos causan una acción determinada sobre un órgano o tejido. Los encontramos, dependiendo de la especie, en la raíz, la hoja, el tallo o incluso la flor.

Todo debe comenzar con una correcta recolección. Ésta, debe hacerse en ausencia de humedad, cuando el agua del rocío se haya evaporado, o bien en días más bien secos.

Nada más recoger la planta, debemos comenzar con el secado y planchado, conservándolas en un ambiente seco, pero no soleado.

Después, una vez haya concluido el tiempo de espera para un correcto secado, tenemos listo el espécimen para preparar aceites, tisanas, enjuagues, baños… u otras formas en qué podemos utilizar las plantas curativas.

Dependiendo de la planta que hayamos elegido, y del principio activo que contenga, conseguiremos un beneficio sobre nuestro organismo. Por ejemplo, podemos utilizar ajo u árnica en uso externo en un esguince, como antiinflamatorio y para calmar el dolor que ha generado la distensión y microroturas sobre el ligamento.

Existen gran cantidad de usos y aplicaciones de las plantas medicinales, como para el aparato respiratorio, reproductor, digestivo, locomotor…

Centrándonos sobre el aparato locomotor, con estas hierbas podemos actuar sobre artrosis, tendinitis, contracturas, cervicalgias, osteoporosis y demás enfermedades que afectan a huesos, músculos y articulaciones. De esta manera, como terapeutas, tenemos una herramienta más, para lograr nuestro objetivo: la salud y bienestar de nuestros pacientes.

Además no debemos olvidar, que actualmente sólo conocemos una parte, del total de plantas que habita nuestro planeta, por lo que estamos en la obligación de conservar los espacios naturales para asegurar su supervivencia, porque ¿quién sabe si la cura del cáncer o del SIDA, se encuentra en una de ellas?

Alicia Cano

Profesora Anatomía Escuela Quirosoma

24 de Marzo de 2010